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Espejismos [Libre]
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Espejismos [Libre]
Medio día, el sol en su fulgor y aquel joven solo corría sin zapatos por la arena hirviendo del desierto, sus ropas se veían desgastadas y su frente mostraba una herida abierta cuya sangre seca por el ardiente sol ajaba la piel en trozos carmesí. Su aliento se notaba tan agotado que apenas pudo dar un paso más sobre la arena para dar fin a su conciencia sobre tan mullido lugar.
Odiaba tanto el sol como al mismo creador de todo lo visible, sus habilidades se reducían al mínimo cuando había demasiado sol y solo así podría adoptar su forma humana, pues su forma demoníaca era realmente estorbosa, más por el sofocante clima que por la misma estrella ardiendo sobre su cabeza. No obstante seguía su camino observando a las víctimas de escorpiones, serpientes y espejismos, sonreía como un niño pequeño al ver el dolor en sus retorcidos rostros, el pánico recorrer cada vértebra y la muerte besar sus labios.
Al fin había dado con lo que tanto buscaba, aquel joven que había huido tras haber violado el contrato de paga. No había escatimado en esfuerzos para acabar con la familia de su esposa, la misma que había forjado a sus espaldas. Una mujer que no pudo resistir a la tentación de saborear otro cuerpo que pudiese satisfacer las necesidades que aquel hombre no lograba siendo entonces su fin cuando vio a aquel hombre de cabellos violáceos y orbes esmeraldas bañarse en aquellas aguas cristalinas de un manantial cercano. Sucumbió a sus deseos y gimió su nombre, pidió y clamó por placer y luego se rindió, entregándole su alma al demonio, que gustosamente la tomaría, para luego acabar con su hija y amante.
El contrato debía pagarse con sangre y una eternidad de dolorosa tortura en el averno y este hombre lo había violado completamente, no solo no había cumplido con su palabra sino que...
Apretaría su mano izquierda, la cual ahora lucía una grave quemadura que tardaría mucho en sanar, y el sol no era su aliado ahora, pues aquella quemadura ardía más que de costumbre.
-Malditos humanos...-
Gruñiría entre dientes observando con ira el cuerpo inconsciente de aquel hombre.
Odiaba tanto el sol como al mismo creador de todo lo visible, sus habilidades se reducían al mínimo cuando había demasiado sol y solo así podría adoptar su forma humana, pues su forma demoníaca era realmente estorbosa, más por el sofocante clima que por la misma estrella ardiendo sobre su cabeza. No obstante seguía su camino observando a las víctimas de escorpiones, serpientes y espejismos, sonreía como un niño pequeño al ver el dolor en sus retorcidos rostros, el pánico recorrer cada vértebra y la muerte besar sus labios.
Al fin había dado con lo que tanto buscaba, aquel joven que había huido tras haber violado el contrato de paga. No había escatimado en esfuerzos para acabar con la familia de su esposa, la misma que había forjado a sus espaldas. Una mujer que no pudo resistir a la tentación de saborear otro cuerpo que pudiese satisfacer las necesidades que aquel hombre no lograba siendo entonces su fin cuando vio a aquel hombre de cabellos violáceos y orbes esmeraldas bañarse en aquellas aguas cristalinas de un manantial cercano. Sucumbió a sus deseos y gimió su nombre, pidió y clamó por placer y luego se rindió, entregándole su alma al demonio, que gustosamente la tomaría, para luego acabar con su hija y amante.
El contrato debía pagarse con sangre y una eternidad de dolorosa tortura en el averno y este hombre lo había violado completamente, no solo no había cumplido con su palabra sino que...
Apretaría su mano izquierda, la cual ahora lucía una grave quemadura que tardaría mucho en sanar, y el sol no era su aliado ahora, pues aquella quemadura ardía más que de costumbre.
-Malditos humanos...-
Gruñiría entre dientes observando con ira el cuerpo inconsciente de aquel hombre.


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Alexey Von Stackelberg- Demonio

Re: Espejismos [Libre]
Nunca en la vida, ni siquiera tras vivir por lo menos 300 años, la joven muchacha pelirroja que caminaba a pasado pesado habría pensado en la posibilidad de cruzar el desierto. Peor, cruzar un desierto poco común, colmado de peligros, y solo por un encargo. Maldita ciudad era aquella, demasiado extensa y con gente por doquier; pero así debía ser, se dijo la muchacha, pues aquel era su mejor cliente.
-Menuda suerte... despediré a esas inutiles.
Se quejaría entre dientes, reacomodandose aquella pesada bolsa de terciopelo, con un bordado excentrico y hermoso, algo antiguo. Las inutiles, por supuesto, eran sus empleadas, las que habían alegado todo tipo de malestares letales que, por seguro, no tenían. Madeline, como dueña de aquella pequeña compañía, no tenía intención de pelearse con ellas, pues no era escasa la gente con ganas de trabajar para ella.
Sin embargo debía hacer el encargo ella misma, pues el cliente siempre exigía que sus entregas fueran por alguien de confianza, y desafortunadamente, esta vez debía ser ella. Si sus pagas generosas no fueran tan.. generosas, mandaría a cualquier individuo a hacer el encargo, pues tampoco es que tuviera pocos clientes. Al llegar a un manantial se preguntó si no sería un espejismo, y de ser así, donde más podría conseguir sombra.
-Sombra, oh por favor, un poco de sombra...
Llegaría a la sombra del pequeño manantial, pero era casi inexistente, salvo por algunos matorrales no muy altos. Maddie, por primera vez en mucho tiempo, agradeció no ser afectada por el Sol, o al menos no de la manera letal para los de su especie, pues pese a todo el calor si que le estaba afectando; ya con el flequillo humedo y la ropa empapada se recargó en una roca alta, y le molestó que esta estuviera caliente como todo lo demás ahí.
Tan ocupada estaba con aquel deseo desesperado de reponer algo de frescura, que no se habia percatado de la existencia de más personas en el crudo desierto. A fin de cuenta, quien entraba ahí y no era capas de sobrevivir, solo demostraba ser un tonto por siquiera intentarlo.
Desataría su cabello, dejandolo caer hasta la cintura, mientras el ajustado pantalón corto, color blanco, se señía a su figura como una segunda piel; la camisa era un volatil manto color piel, de lino, que dejaba al descubierto sus hombros y su cintura. Pensó que no podía volver a casa hasta dentro de unas semanas, debido a un pequeño accidente con la caldera, pero al menos podría descansar el el taller.
-Menuda suerte... despediré a esas inutiles.
Se quejaría entre dientes, reacomodandose aquella pesada bolsa de terciopelo, con un bordado excentrico y hermoso, algo antiguo. Las inutiles, por supuesto, eran sus empleadas, las que habían alegado todo tipo de malestares letales que, por seguro, no tenían. Madeline, como dueña de aquella pequeña compañía, no tenía intención de pelearse con ellas, pues no era escasa la gente con ganas de trabajar para ella.
Sin embargo debía hacer el encargo ella misma, pues el cliente siempre exigía que sus entregas fueran por alguien de confianza, y desafortunadamente, esta vez debía ser ella. Si sus pagas generosas no fueran tan.. generosas, mandaría a cualquier individuo a hacer el encargo, pues tampoco es que tuviera pocos clientes. Al llegar a un manantial se preguntó si no sería un espejismo, y de ser así, donde más podría conseguir sombra.
-Sombra, oh por favor, un poco de sombra...
Llegaría a la sombra del pequeño manantial, pero era casi inexistente, salvo por algunos matorrales no muy altos. Maddie, por primera vez en mucho tiempo, agradeció no ser afectada por el Sol, o al menos no de la manera letal para los de su especie, pues pese a todo el calor si que le estaba afectando; ya con el flequillo humedo y la ropa empapada se recargó en una roca alta, y le molestó que esta estuviera caliente como todo lo demás ahí.
Tan ocupada estaba con aquel deseo desesperado de reponer algo de frescura, que no se habia percatado de la existencia de más personas en el crudo desierto. A fin de cuenta, quien entraba ahí y no era capas de sobrevivir, solo demostraba ser un tonto por siquiera intentarlo.
Desataría su cabello, dejandolo caer hasta la cintura, mientras el ajustado pantalón corto, color blanco, se señía a su figura como una segunda piel; la camisa era un volatil manto color piel, de lino, que dejaba al descubierto sus hombros y su cintura. Pensó que no podía volver a casa hasta dentro de unas semanas, debido a un pequeño accidente con la caldera, pero al menos podría descansar el el taller.

Madeline Kraven- Vampiro

- Localización: Allá abajo
Re: Espejismos [Libre]
Apretaría los dientes al ver que aquel cuerpo comenzaba a moverse, su ceño se frunciría ante el ardor que producía el sol sobre sus ojos, alzaría la vista observando varios buitres que sobrevolaban sobre su cabeza. Un suspiro de cansancio emanaría de los labios del demonio, bien sabía que había vivido bajo el fuego intenso del averno, pero la temperatura de este lugar sobrepasaba los límites de los ríos de lava. Patearía con fuerza el cuerpo del hombre, quien solo gemiría ante el dolor causado por la imponente pero mesurada fuerza del demonio.
-Tenemos una deuda pendiente señor... No pensaba pagarme?-
Colocaría su pie en la cabeza ajena hundiendo su rostro en la ardiente arena. Los gemidos del hombre pidiendo auxilio le harían tragar arena, haciendo que este se ahogase con aquellos minúsculos granos. El demonio gruñiría al saber que aquel hombre sucumbiría ante la muerte antes que pudiese recibir su paga. Reiría levemente.
-Desea ayuda?-
Observaría a lo lejos un enorme escorpión que cruzaba sin contratiempos las arenas, tomándolo de la ponzoña lo acercaría al rostro del hombre.
-La muerte por picadura de escorpión... es una de las más dolorosas y lentas que un humano puede experimentar. Ahora le pregunto... desea mi ayuda?-
El hombre daría un respingo y aprovechando la distracción del demonio con aquel animal tomaría una pequeña bolsa de terciopelo negra y sacando una botella de agua la rociaría sobre el rostro del demonio, quien al ver tal osadía se cubriría en reacción con su mano herida emitiendo más que un grito un chillido de dolor. Sus ojos no podrían ser más negros y su aura no podría ser más maligna, Alexey ahora estaba furioso y sin importarle el pago de su deuda arremetería contra el hombre inyectándole varias veces la ponzoña del animal, terminando por introducirlo en la intimidad del hombre, dando este último gritos de dolor ante cada picadura del animal.
Tomaría las manos del hombre desencajándolas de sus muñecas y posteriormente de sus hombros, dejándolo completamente inutilizado y a la merced del animal. Unos minutos más y el hombre sería comida de buitres.
-Tenemos una deuda pendiente señor... No pensaba pagarme?-
Colocaría su pie en la cabeza ajena hundiendo su rostro en la ardiente arena. Los gemidos del hombre pidiendo auxilio le harían tragar arena, haciendo que este se ahogase con aquellos minúsculos granos. El demonio gruñiría al saber que aquel hombre sucumbiría ante la muerte antes que pudiese recibir su paga. Reiría levemente.
-Desea ayuda?-
Observaría a lo lejos un enorme escorpión que cruzaba sin contratiempos las arenas, tomándolo de la ponzoña lo acercaría al rostro del hombre.
-La muerte por picadura de escorpión... es una de las más dolorosas y lentas que un humano puede experimentar. Ahora le pregunto... desea mi ayuda?-
El hombre daría un respingo y aprovechando la distracción del demonio con aquel animal tomaría una pequeña bolsa de terciopelo negra y sacando una botella de agua la rociaría sobre el rostro del demonio, quien al ver tal osadía se cubriría en reacción con su mano herida emitiendo más que un grito un chillido de dolor. Sus ojos no podrían ser más negros y su aura no podría ser más maligna, Alexey ahora estaba furioso y sin importarle el pago de su deuda arremetería contra el hombre inyectándole varias veces la ponzoña del animal, terminando por introducirlo en la intimidad del hombre, dando este último gritos de dolor ante cada picadura del animal.
Tomaría las manos del hombre desencajándolas de sus muñecas y posteriormente de sus hombros, dejándolo completamente inutilizado y a la merced del animal. Unos minutos más y el hombre sería comida de buitres.


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